Mostrando entradas con la etiqueta Adicción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adicción. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de octubre de 2012

"Más Poderoso Que La Vida"


Brillante en colores y neurosis cincuentesca, "Más Poderoso Que La Vida" (Bigger Than Life) se disfrazó de melodrama familiar para desnudarse como una de las películas más perturbadoras de su época.
Estrenada en 1956, ofrecía como excusa argumental un tema tan inquietante por entonces como la adicción a las drogas; aún más incómodo si la historia se situaba en la plácida fachada de aquella América del progreso, la falda con volante y el electrodoméstico.
Tan escalofriante resultó "Más Poderoso Que La Vida" que su fracaso comercial fue el inevitable refrendo a la controversia suscitada. 
Ignota y maldita, su reputación resurgiría una década después, cuando sería valorada por la crítica europea.


Desde las sienes de James Mason, comienza la andadura dramática de esta oscura historia, dotada del alto voltaje inherente al cine de Nicholas Ray.
Nos cuenta la historia de un triste y pluriempleado maestro de escuela, que se descubre aquejado de una enfermedad que lo matará en cuestión de un año.
El flamante fármaco para mantenerlo con vida no será otro que la cortisona, cuyo abuso lo conducirá progresivamente hacia la psicosis, desatando el terror en su familia.


Los milagros de la farmacia devenidos en poderosas adicciones, el progreso social confundido con la inmortalidad; el protagonista aparece como la total víctima de su ambiente mediocre y rutinario.
De manera irónica, la medicina que aspiraba perpetuarlo en esa vida opresiva será la que lo conduzca a la claridad inquietante de los delirantes, a la lucidez incómoda de los locos. Será el súperhombre, el antojo de lo perfecto, la envidia de Dios.
En plena sociedad hipócrita, que valora el éxito de los individuos tanto como lo teme al mismo tiempo, este ser que desea superarse a sí mismo a través de la ruptura radical, no será aplaudido, sino visto como un problema. 
"Más Poderoso Que La Vida" nos habla del caos que emerge con la verdad.


Otro escenario temático de "Más Poderoso Que La Vida" pone en solfa la falsa seguridad que conceden la familia y el patriarcado. 
La mujer y el hijo del protagonista pactan soportar la ordalía de vivir con un loco, entre la vergüenza y la necesidad de proteger a aquel que les asegura el sustento, lo material; es decir, lo único que pueden comprender.
Como en toda familia conservadora donde irrumpe el fanatismo, se prefiere tolerarlo y sufrirlo en silencio antes que denunciarlo.  


En todo ese complejo entretejido textual, Ray se vale del melodrama, el Cinemascope y los colores saturados como recursos para expresar la faz de la locura.
Tal y como había hecho en "Rebelde Sin Causa" y "Johnny Guitar", Nicholas Ray maneja con intención los escenarios y recursos hollywoodienses para desarrollar su discurso, dotando de potencia neurótica y sensibilidad casi épica a géneros manidos e historias recurrentes del cine norteamericano.


Si Douglas Sirk deslizaba la sátira potenciando el kitsch, Ray busca el alma escondida detrás del plástico. 
Atiende al detalle de acciones y objetos, despliega alargadas sombras sobre los momentos más amenazantes y construye una progresión de suspense que termina por convertir la casa en el escenario de una tragedia bíblica.
En el clímax, las escaleras se rompen, se corre con tijeras y la Biblia cae al suelo; "Más Poderoso Que La Vida" se confirma como una película iconoclasta, genuinamente claustrófobica, aún extraña, nada agradable, dotada de la misma frustración que aqueja al protagonista. 


Hasta el happy ending está servido de una manera tan envenenada que resulta más depresor que liberador; el despertar no invalida la pesadilla, parece indicar Ray. 


Si bien Nicholas Ray no fue ese autor absoluto que aclamó la siempre exagerada Cahiers du Cinéma, es cierto que películas tan impactantes como "Más Poderoso Que La Vida" abrieron una brecha en el cine. 
Desde el adocenado clasicismo, se propiciaba un giro hacia la modernidad, hacia la victoria del estilo, donde la ironía y la sensación de desequilibrio serían valores imprescindibles.


Pese a las reivindicaciones, "Más Poderoso Que La Vida" aún sigue siendo una película muy desconocida, quizá menos carismática que otras obras de Ray, pero igualmente importante y valiosa.
Para quienes busquen experiencias fílmicas dotadas del atributo de lo extraño han de acercarse a ella de manera urgente.

martes, 24 de julio de 2012

La Medianoche de Erik Rhodes


En las imágenes y sonidos del porno gay de los últimos tiempos, el ultramusculoso Erik Rhodes ha ostentado la corona de estrella.
Obviamente, su físico ha sido la clave, definido por cierto comentarista como mezclar a todos los Vengadores en el mismo envase. Pero, como corresponde a las estrellas de cualquier pelaje, la actitud es lo que cuenta al final.
Erik siempre ha sido un gran apasionado en todas sus apariciones y, pornográficamente, convenció siempre.
Yo, que nunca he sido admirador de tanta vigorexia depilada, le debo unos cuantos orgasmos.

Castigador en "Pledgemaster"

En plena eclosión de su fama, se supo que el caballero era más que esa masa de músculos y versatilidad sexual. 
Él bromeaba en Twitter: "Sé que a mi cara le falta un punto para parecer de retrasado". Pero de retrasado, nada. Tenía cerebro, oh, el cachas tenía cerebro. 
En realidad, Erik Rhodes era una criatura neoyorquina por derecho propio, con muchas puertas abiertas y todas las fiestas aseguradas, incluyendo una comentada amistad con el diseñador Marc Jacobs.
Erik, de nombre real James Naughtin, era conocido por su ingenio y su talento para contar historias.

En "Ringside"

Entre la risa y la estupefacción se debatieron sus admiradores, cuando descubrieron que tenía un hermano gemelo. Idéntico, pero heterosexual y completamente tatuado.
Este hermano, Jon, recordaba que Erik comenzó como modelo y actor porno a los 22 años. "Pagaba las facturas. No pregunté más", asegura Jon.



Por entonces, Erik se convirtió en uno de los platos fuertes de Falcon, productora emblemática del porno gay, para quien trabajó durante casi una década en multitud de títulos. En la mayoría, ocupando sus portadas como reclamo principal. 
Incluso Rhodes se interesaría por la dirección y le concedieron la oportunidad en un par de ocasiones.

Dirigiendo a Samuel Colt en "Crotch Rocket"

James/Erik dejó de guardarse la tristeza en poco tiempo. Especialmente, cuando ésta se desbordó en violentas broncas con sus parejas, arrebatos de ira en público y visitas frecuentes al psiquiátrico.
En una de sus rehabilitaciones, abrió un Tumblr, con la intención de contarse en un diario, para todo el mundo.
Allí Erik desveló sus adicciones a los esteroides y a la metanfetamina. "Si una dosis no me produce un espasmo que parezca epiléptico, no me satisface", escribió.


Detrás de su fabulosidad, restaba la melancolía. Detrás de sus músculos, había inyecciones. Y también detrás de la voracidad que lo hizo estrella del porno, existía una severa adicción al sexo.
En sus escritos, Erik habló de la inevitable cruz de los actores porno gay. Las películas no son suficientes y muchos refuerzan sus ingresos con la prostitución, rebautizada cándidamente como "escorting" (acompañamiento).
Sus amigos íntimos rememoran las increíbles aventuras que Erik contaba sobre lo vivido con sus clientes.


Samuel Colt, también actor porno gay y amigo en los últimos años, ha sido más tajante, declarando que el escorting aceleró los problemas de Erik. 
Los clientes le demandaban no sólo ese físico esteroizado hasta el delirio, sino también que los acompañase en el consumo masivo de drogas.
Y, a cambio, la soledad, la puta soledad. "Me siento tan solo, tan alejado", escribió en su página, sintiéndose cerca del fin.
Fue inteligente hasta para predecirlo.


En una noche del pasado junio, Erik y otro escort acudieron a una cita con un cliente.
Tras terminar con éste, los dos prostitutos siguieron follando y tomando drogas, hasta que Rhodes comenzó a sentirse mal y volvió a casa. Durmió y no volvió a despertar.
Un infarto y para el otro barrio, con sólo 30 años. Trascendió que Erik/James, además, era seropositivo.

Haciéndose el muerto en "Asylum"

Triste vida la de los deseados, supimos desde Marilyn. Y tener seso no es suficiente cuando la tarjeta de presentación ha sido siempre otra.
Grandes erecciones, mayores impotencias las de Erik. Esas que se cuentan con alienaciones crónicas y adicciones devastadoras, matizadas con el conteo de los dólares sobre la mesa y con la convicción final de que se vive embarcado en un viaje a ninguna parte. 
Una historia ésta decididamente americana.