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lunes, 25 de noviembre de 2013

Dylan McDermott


Pelo negro, ojos azules, pelo en el pecho y mayor que yo. ¿Es posible que dijera sin decir en el último post que mi tipo de hombre es Dylan McDermott? 
No sé si lo dije sin decir - o lo escribí sin escribirlo -, pero si tuviera algo que responderle a Dylan, sería que sí, siempre que sí.


Desde que protagonizara un espectacular comeback a nuestros deseos hace dos años con "American Horror Story", la buena madurez de Dylan no ha pasado desapercibida por productores y públicos y, últimamente, se le ve con la frecuencia merecida.
Como muchos actores de su noventera generación, carreras irregulares y más bien decepcionantes se han solventado con eternos retornos a la televisión.


Antes de "American Horror Story", la televisión ya había tenido el placer.
La audiencia aún lo identifica como Bobby Donnell, el reluciente abogado de "The Practice", su papel más relevante, que lo mantuviera ocupado durante media década de los noventa.
El peligro de Catodia, bien lo sabe Dylan, sucede cuando un día las series se acaban y a ver cómo se supera el papel que se ha incorporado a lo largo de años, emisiones, reposiciones y países. 
¿La respuesta? "Hacerse un Julianna Margulies". Es decir, que venga otra serie.


A razón de títulos en pequeñas y grandes pantallas, el bello Dylan se mantuvo trabajando en un discreto, aunque sólido, margen, hasta que nos tropezamos con sus ojos, su pelazo y su torso, protagonistas indiscutibles de la primera temporada de "American Horror Story". 
Ligerito de ropa e hipercaliente aparecía McDermott por ese año inaugural de la serie de Ryan Murphy, que empezó por todo lo alto y acabó más bien fatal.
Nadie dudó de que incólume y digna de atención perduró la buenorridad de Dylan; además de los recitales de Jessica Lange, ver a McDermott en la ducha fue lo verdaderamente excitante del primer curso de "American Horror Story".


Quedó la sensación: quien tuvo, multiplica. Reconozco que siempre me ha gustado McDermott, pero ahora me encanta. 
Los años han endurecido si cabe esos rasgos tan fuertes, en magnífico contraste con los ojos hipnóticos, mientras que, como actor, ya no es el tremendo inexpresivo de otrora. 
Dylan McDermott mejora, debería inscribir en su carta de presentación, donde yo también subrayaría y pondría entre exclamaciones que ha cumplido 52 años el pasado octubre.


Tras pasar por la casa encantada, Ryan Murphy lo llamaría también para "American Horror Story: Asylum", en un papel más reducido, pero el doble de brillante.
McDermott estuvo sensacional por inusual como el trashy asesino en serie con complejo de Edipo, mientras todos admirábamos la capacidad de recuperación de la serie.
Capacidad de recuperación y también de superarse a sí misma, como confirma ahora su tercera y deliciosa temporada, bautizada "Coven".


¿Vendrá Dylan McDermott a pasearse por el Nueva Orleans de las brujas? Según parece, hay interés por ambas partes, pero habrá que despejar agendas y esperar que sea posible un hueco.
Que sea que sí, que sea que sí, rezo todas las noches antes de dormir.


Dylan ahora anda atareado con una nueva serie, la inefable "Hostages", donde incorpora a un agente del FBI involucrado en el secuestro de la familia de una importante cirujana, interpretada - terrorificamente - por Toni Collette.
La serie, que es un disparate de los que se estilan ahora, con Casa Blanca y paranoias conspiratorias de por medio, no ha convencido a la parroquia de los ratings, pese a tratarse de un placer culpable bastante potente.


Es de esas series que sabes bien en todo momento lo malas y derivativas que resultan desde su misma razón de ser, pero sólo puedes dejarte llevar por sus trucos, sorpresas y cliffhangers.
Y, al final, esta "Hostages" se revela más divertida que la bostezante "Homeland" y no tan antipática como "Scandal".


Dylan interpreta a un maloso con motivos personales, y ahí aparece con barba de tres días y vestido de inevitable chaqueta de cuero.
Como comprenderás, devoto de lo maromial, Dylan McDermott es la buena razón para engancharse a la intriga de "Hostages".
Muestra semanal de que el machote nunca muere.


Nunca muere y así lo expresa en sus cuentas de Facebook y Twitter, esas que McDermott escribe personalmente, bien dispuesto a contar cuáles son sus proyectos y, sobre todo, a transcribir citas inspiradoras.
En recientes entrevistas, Dylan ha hablado de los efectos beneficiosos de la terapia y las estrategias de superación personal; en su biografía, se cuenta que lleva veinte años sin probar gota de bebercio tras reconocerse alcohólico.
Quizá esa necesaria "ley seca" sea una de las explicaciones de que este hombre se conserve tan de puta madre.


Por lo que se deduce, es un tipo optimista y su desinteresada atención a los fans a través de las redes sociales habla bien de él como persona y personalidad.
Dylan McDermott no será el mejor actor del mundo, aunque ahora mismo no se me ocurre mejor plan audiovisual que ponerme otro capítulo de "Hostages".


Ni un segundo televisivo sin él, por favor.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Ronda de Electroshock


Hace un año por estas fechas, Ryan Murphy anunciaba que cada temporada de "American Horror Story" tendría una entidad argumental propia. De ese modo, un nuevo curso implicaría una historia distinta, un escenario terrorífico diferente y otros personajes.
Quizá Murphy anticipaba ese obligado timonazo a la luz de lo vivido en la primera temporada, la misma que comenzó jugosa y acabó con la paciencia del personal, que se confesaba más deseoso de que Dylan McDermott volviera a pasearse en bolas antes que encontrarle una dirección al sinsentido general.
También preveyendo que no tenía nada que hacer en los premios si presentaba semejante lolailo como mejor serie dramática, Ryan Murphy incurrió en la venial astucia de etiquetarla como miniserie. 
Justicia poética o no, en los últimos Emmy recibía exactamente lo que merecía: premio para Jessica Lange y premio para el departamento de peluquería. Después de todo, aquello no había quedado en la memoria más que como una pasarela de pelucones con la gran Jessica dando su habitual recital.
Pero, si la jugada de los galardones no le salió bien, el viraje argumental de "American Horror Story" ha sido más que afortunado, al venir acompañado de una notable rectificación.


En un árido año televisivo donde el único que verdaderamente se ha ganado un aplauso es el entrenador personal de Stephen Amell, parece ironía que "American Horror Story" demuestre una energía insólita y, por primera vez, sea una historia de terror americana y no aquel insufrible show de travestis borrachas del año pasado.
Las claves pueden acusarse en muchos factores, pero sólo uno es decisivo: la cosa está contada de manera más coherente y efectiva. 
Como escribí hace unos meses: cuénteme usted lo que quiera, pero, por favor, cuéntemelo bien.

James Cromwell

Ahora ambientada en un manicomio en los años sesenta, "American Horror Story" continúa usando clichés y elementos reconocibles de los géneros del exceso para prefigurarse como pastiche terrorífico.
El morbo se consigue con religiosas erotizables, la mayor villanía posible se conjuga con la esvástica y el terror reside en la pérdida del control. Y, para esto último, qué mejor que la locura, sea verdadera o impuesta.
En el insano manicomio, llamado Briarcliff, los personajes pierden la dignidad, la libertad, la integridad física, los recuerdos y la ropa.
"American Horror Story" usa un clásico recurso del melodrama y el espanto como primordial elemento de su guiñol: la terapia de electroshock.
La misma Jessica Lange ya protagonizó una historia emblemática con electroconvulsión como triste final: el biopic "Frances".
Como Ryan Murphy es a la ficción lo que Lady Gaga significa a la música pop, sospechamos que no hay coincidencia en la presencia de Jessica y la abundancia de descargas terapeúticas, sino un declarado homenaje, plagio y/o frivolización de cosas ya vistas, escuchadas, copiadas y requetecopiadas.

Evan Peters

Del mismo modo que la primera temporada, la voluntad estilística es abarrotar la pantalla y encontrar un valor intrínseco en la exageración. Las pretensiones de trangresor y gamberro siguen ahí, pero molestan menos cuando vienen integradas en un argumento comprensible y absorbente.
Y, este año, "American Horror Story" da mucho miedo, especialmente en ciertos pasajes que se revelan durísimos. Lo que antes se sublevaba a la parodia, ahora adquiere la verdad de la angustia y la incertidumbre.

Sarah Paulson

Otra ventaja crucial con la que cuenta este "Asylum" es haber introducido unos buenos héroes. Lana y Kit son dos miradas ingenuas que padecen la injusticia, luchan por escapar y, por tanto, se erigen como nuestra manera de acercarnos y vivir esta historia.
El personaje de Jessica Lange - la hermana Jude - está bien entretejido; una antiheroína compleja y dolorosa, con actitudes reprobables, pero emociones siempre descifrables. 

Jessica Lange

Y, detrás de la tramoya de referencias y excesos, la serie parece decir algo interesante sobre la desesperación humana, la soledad y el temor a la muerte. 
Al menos, se deduce del episodio más enjundioso de la temporada: "Dark Cousin", pausado, melancólico, mortuorio, brillante.

La inigualable Frances Conroy como Ángel Negro

La realización y las interpretaciones están a la altura del competente libreto. Además de la Lange, James Cromwell está igualmente maravilloso; ambos ejemplifican mi tesis de que no hay nada como actores de avanzada edad para dar bouquet a una serie.
Los jóvenes tampoco pierden comba y, sin duda, ese huracán de nombre Lily Rabe podría apuntar 2012 como el año decisivo de su carrera.

Lily Rabe

Si aún dista de ser perfecta y nos presenta episodios más afortunados que otros, "American Horror Story" se pone de pie, presta batalla y convence, porque entretiene de manera genuina. 
Dentro de su veleidoso manicomio, Murphy y compañía parecen haber caído en la cuenta de que la mayor desmesura ha de tener paradójicamente la mejor costura.
De aquel piano aporreado sin ton ni son, ahora se interpreta una melodía. Tremebunda y efectista, pero melodía, al fin y al cabo.

Zachary Quinto

Todavía quedan cinco episodios para clausurar este "Asylum" y, conociendo al irregular Murphy, el asunto se puede desmandar y venir abajo en un abrir y cerrar de ojos. 
Sin embargo, la labor de devastar y reconstruir desde aquel lamentado desastre ya puede considerarse un esfuerzo meritorio.

Chloë Sevigny

Diría Pauline Kael que el arte es tan esporádico que tenemos que aprender a disfrutar de la buena basura.
En ese sentido, "American Horror Story" está, más que nunca, para ser disfrutada.