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lunes, 12 de enero de 2015

Ben Affleck


En la trifulca cinéfila entre partidarios de "El Gran Hotel Budapest" y aquellos que podríamos definir como boyhoodbeliebers, yo me pongo respondón y me quedo con "Perdida", película intensamente disfrutada en el pasado 2014, poseedora de algunos de los momentos más gozosos que recuerdo en el cine contemporáneo norteamericano.
Precisamente a ese tortuoso cine pertenece el protagonista de "Perdida" y el héroe de este lunes: el señor Ben Affleck, que ha vivido decidido a que me convenza de una vez por todas que es el maromo que nos vendió Hollywood allá por los finales de los noventa.
La edad le ha sentado bien y Ben, que ha navegado contra viento, marea y envidias, como bien dijo con su último Oscar en la mano, es un genuino superviviente de la industria y de sí mismo. Dicen que es un buen chico y lo invitan a debates políticos, donde además demuestra que es muy listo.
Libre de etiquetas, está genial en "Perdida", porque el casting es demasiado perfecto, y, bien acostumbrado a los ataques y el escepticismo, seguro que saldrá muy bien parado de otra elección de reparto decididamente más loca llamada Batman.
Todavía le queda convencerme como director, aunque, como tío bueno, ya lo tengo claro. En realidad, siempre me gustó y nunca lo quise confesar. A los cuerpos de hombretón nunca he sido ajeno, señoras y señores. Y a la cara de alcornoque ha sido cuestión de acostumbrarse y verla mediada con favorecedoras barbas.
Y es impensable terminar este lunes maromial sin citar el momento más notorious de "Perdida", voilá, aquello que ya se rumoreaba  - Jennifer Lopez no se conforma con menos - o la evidencia de que la hermosura de Affleck se vive también en una hermosa polla, que queremos volver a ver. Y con un mejor ángulo, si es posible.
Que te aproveche. Jennifer Garner. 













Uh yeah.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Ecce Maromo


La vida y las ocupaciones me tienen más apartado de lo deseado de estos hogares de la escritura y la imagen, aunque soy bien consciente de que debo cumplir dos tradiciones: la primera, mis eternos retornos y, la segunda, que aquí no se acaba el año sin elegir al tío más bueno de entre los tíos más buenos.


Así que voilá, hete aquí, tachán, la imprescindible elección del Maromo del Año, concurso de belleza y encantos, en función de lo que han vistos estos ojos durante 2014. ¿En serio creías que iba a llegar la Navidad sin este sufragio de sufragios?
Como de costumbre, repite el ganador de la pasada edición y llegan cinco nuevos candidatos al trono. Elegidos según mi gusto personal, claro está, y según el ruido que han dado en este año de emoción y furia.
Los machos elegidos son:

BEN AFFLECK




HENRY CAVILL




SCOTT EASTWOOD




JAMES MCAVOY



CLIVE STANDEN



DEREK THELER


Todos los años, tengo mis dudas razonables. Este puedo asegurar que me resulta imposible decidirme. Pero la cuestión, una vez más, es que sólo puede ganar uno.
La única manera de votar se encuentra en el widget de la columna de la derecha del blog, dispuesto exclusivamente para la ocasión.
No se aceptan votos en comentarios o mensajes.


La elección del Maromo del Año durará hasta el 31 de diciembre, donde sacaremos las trompetas, portaremos la corona de laurel y glosaremos al ganador en un post muy exclusivo, con un montón de fotos y un millón de babas.


Como diría nuestra amiga Athena, esto es la fiesta de la democracia. Y añado que esto sí que es una regeneración del sistema. ¡Vota!

lunes, 22 de abril de 2013

Malick, Extraño Malick


El amor es extraño, piensa Terrence Malick. Pero el mayor enigma siempre ha sido el propio Malick, quizá hasta para sí mismo. 
Como primer y último misterio, ahí se encuentra el cambio de rumbo de su carrera. 
Para entendernos o hacer la debida presentación a quien no lo conozca, este director estadounidense se hizo gran favorito de la crítica en los setenta con dos poéticas películas, de nombre "Malas Tierras" y "Días del Cielo".
Su legendaria timidez, sus problemas personales y su excéntrico perfeccionismo lo mantuvieron alejado de las cámaras durante muchísimo tiempo, y entre sus múltiples apologetas, hubo quien quiso llamarlo el Salinger del cine.

Terrence Malick
 
Hasta el otro día, la tónica de producción del caballero fue ofrecer película por década, y sus puntuales regresos lo confirmaban como un paria entre parias: un director muy norteamericano en los temas que abordaba, aunque absolutamente nada hollywoodiense en su estilo.
La paulatina abstracción de sus películas, cada vez más secretas, cada vez más silentes, han propiciado el desconcierto y la incomodidad. 
La piedra de toque, para bien y para mal, fue "El Árbol de la Vida", estrenada hace dos años. Había espectadores que no superaban los veinte minutos, mientras otros, como servidor, levitábamos de placer cinematográfico.
Detrás de cualquier consideración, "El Árbol de La Vida" suponía el inicio de una racha creativa insólita para el director.
Mientras propone "To The Wonder", ahora en cines, Terrence Malick tiene la friolera de tres películas en posproducción y dos proyectos firmados sobre la mesa. Raro, raro, raro. 

Javier Bardem

Hay cosas más extrañas en Malick, decididamente más forasteras en este guardián del centeno. 
Porque, sí, es el último romántico y también el último religioso. 
Desde hace años, ningún cineasta se subleva al amor total hacia el mundo y la vida como él, ni ningún otro director occidental busca a Dios y se pregunta por su silencio. 
En las películas de Malick parece haber algo antiguo. ¿Podría ser lo que lo hace tan atractivo para unos y tan repulsivo para otros?
No hay duda de que está como una cabra y lo demuestra sobradamente, entre la exigencia de que no le hagan ninguna foto o ese descubrimiento del trascendentalismo que plasma sin complejos en su última línea creativa.


Pero la mayor ironía es su poder de convicción. Malick presenta en sus películas cosas que, bajo otras miradas, aborrezco de pleno. 
Entre ellas, el intimismo entendido como gente rozándose las manos, la Naturaleza vista como una sobredosis de paisaje y, en general, la espiritualidad venida directamente de la secta o Iglesia a la que se adscriba en ese momento el creador de turno.
Pero Terrence es extraño y, como extrañeza, cuenta tan bien toda esa mierda que hasta termino por creérmela. Sería un cura fantástico, sin duda.
Sus imágenes y sonidos se dotan de una épica de la tristeza, y las películas son desgarradoras desde que empiezan, bajo esa mirada entomológica, como si un marciano contemplara la vida en la Tierra con fascinación.
Malick es un adicto al bellezón y un señor triste, aunque de una tristeza esplendorosa, atribuido de un estilo que no deja indiferente. Quizá, porque es un gran cineasta y un auténtico poeta. Al menos, en mi humilde opinión.
Cuando veo una película de este señor, sé que estoy viendo cine.


La más reciente, "To The Wonder", supone un paso más dentro de la dicotomía de opiniones en torno a sus títulos. 
Cada film es más controvertido que el anterior y, cuando terminan sus exhibiciones en festivales, los silbidos resuenan a la par que los aplausos como una costumbre diríase ritualista.
Con "To The Wonder", hasta grandes defensores del cine malickiano han alegado que es un resbalón en una filmografía hasta ahora quasimpecable.

Ben Affleck y Rachel McAdams

Sin duda, "To The Wonder" cuenta con la alargada sombra de las previas películas y, sobre todo, de "El Árbol de la Vida". 
Ésta era el atributo de lo total; viéndola, no se sabía si estábamos dentro del más exuberante museo, en la más inspiradora misa, ante el mejor documental de Naturaleza o atestiguando el melodrama familiar más doloroso.
"To The Wonder"  hereda muchos temas recurrentes del autor, pero, en esta ocasión, viene con menos intenciones de obra maestra y el paisaje es menos espectacular. 
Sin duda, porque es la primera película de Terrence donde los personajes son seres acomodados, de apreciable clase media, y no los pobres diablos perseguidos por Dios y los elementos de los otros films. 
Digamos que "To The Wonder" es más pija. 

Olga Kurylenko y Ben Affleck

También es la primera obra de Malick donde todo transcurre en la actualidad; anteriormente, sólo "El Árbol de la Vida" centraba alguno de sus pasajes en tiempo presente.
En su última aventura, no hay viaje a través del tiempo.
Aún así, hay mucho Malick en "To The Wonder". 
La inmersión en el Medio Oeste norteamericano mantiene la esperada cautividad y la proverbial inquietud de quien mira y comunica.
Ahí está el director y sus seres, que se miran, se evitan, se tocan. A veces no se entienden, pero siempre se sienten. 
Lo de Malick sigue siendo una sinfonía rara y polivalente, donde, como dijo Pauline Kael a propósito de "Días del Cielo", puedes colocar la más tonta de tus metáforas y funcionará.


"To The Wonder" no es ni tan mala como dicen sus atacantes, ni tan buena como dictan sus defensores. Quizá, no resulta tan memorable que las anteriores y tiende a quedarse menos sobre la piel, pero no hay nada pernicioso ni decadente en ella. 
Ni tampoco menos malickiano. 
Incluso el argumento, aunque críptico y antisintáctico, es más asequible y rastreable que aquel desquicio narrativo de "El Árbol de la Vida".
"To The Wonder" es una historia de amor, de indecisión, dotada de una luminosa sencillez, donde la intimidad y el sexo irrumpen como esas respuestas asumidas como infalibles, que, en realidad, no significan más que sí mismas. 
Mientras los protagonistas buscan la reconciliación divina y humana, se cuenta la película más Antonioni que ha firmado Terrence. Sus personajes callan, caminan y se miran con sus angustias existenciales como si andaran por "La Aventura".
Y, para que quede bien claro quién es el desvergonzado detrás de la cámara, esos seres también dan gracias al amor y claman a Dios entre los cielos.
Firma de la casa.


Un extraño este Malick, pero, como todo loco genial y sus visionarias chifladuras, del Cielo bajan. 
Y, si sucede al ritmo de este inesperado torrente de inspiración y películas, yo seré el primero en salir a la calle, brazos abiertos, a recibirlas.