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lunes, 7 de julio de 2014

Joe Manganiello


Se cuenta que Joe leyó en las novelas vampíricas de Charlaine Harris que Alcide Herveaux tenía "los brazos como troncos de árboles". 
Así pues, en nombre de "True Blood", el siempre convencido, decidido, esforzado, deportista Joe puso brazos a la obra y, voilá, se convirtió en el Macizo Principal que Hollywood adora, mientras el resto del mundo aún no sabe como volver a reencajar la mandíbula tras verlo sin camisa.


No era su primera transformación y, en un libro que ha publicado recientemente donde desvela sus secretos de fitness, nos contó que era un niño feúcho y enclenque del que todos se reían. Con la determinación de una Joan Crawford de la vida, Joe Manganiello no paró hasta ser el mejor deportista de la región y, por el camino, interesarse por la actuación.
Si conocías a Joe antes de "True Blood", tampoco era tanto ni tan poco. Sinceramente, yo ya le había echado el ojo al verlo en papeles episódicos "ER" y "Cómo Conocí a Vuestra Madre". Tan alto, la nariz italoamericana, todo en su sitio. Tío bueno de andar por casa, en resumen.
Pero la cosa se multiplicó por mil tras la prueba de casting para la serie de la HBO, que lo llevó a ponerse moreno, barbudo y más cachas que el mundo. 


Quizá por todo ello destacó en una serie ya bien empaquetada de guapos; tal vez, porque estaba francamente adecuado como Alcide Herveaux, el temperamental, si bien cálido hombre lobo, ataviado de semejante camisa de cuadros con la que parecía imposible estar mejor hasta que se la quitaba.


Joe Manganiello se ha quitado la camisa muchas veces a lo largo de "True Blood" y, en más de una ocasión, esa ha sido la manera de seguir una serie que ha recorrido unos caminos, digamos, insondables. 
Ahora que termina, muchos aplaudirán que el show sanguinolento-maromial acabe con su propio sufrimiento, aunque yo, que he disfrutado (casi) cada minuto, la echaré muchísimo de menos el próximo verano.


Sólo de pensar que no veré más ese bosque nocturno con la presencia de un lobo que, mágicamente, conviértase en Manganiello culo al aire, me dan ganas hasta de llorar.
Como Alcide ha salido más desnudo que otra cosa, Joe ha declarado que está escribiendo un spin-off sobre el personaje, el cual que considera desaprovechado a lo largo de la serie, tan llena de gente y locuras en los últimos años que ha sido imposible centrarse en nada.
¿Será posible que haya más Alcide? ¿El próximo verano, por favor, y así me seco las lágrimas?


Como Hollywood da sus últimos veredictos en función de buenos pectorales y mejores abdominales, habrá oportunidades para ver a Joe en otras ocasiones - aunque no se asegure que buenas -, y ya hubo previa advertencia con "Magic Mike", taquillero truñito sobre strippers masculinos, donde Joe enseñó carne, Dios nos libre de lo contrario.
El universo stripper le interesó lo suficiente al bueno de Joe como para dirigir un documental sobre los 'magic mikes' reales.
Se movió hasta Dallas para hablar con los trabajadores de La Bare, el club de despelote masculino más famoso de tierras gringas. 


Muchos han sonreído con malicia ante "La Bare", porque son los mismos que cuentan y rumorean que Joe Manganiello es gay y se lo calla. 
Como muchos actores de Hollywood, la duda ha estado puesta desde el primer día y ahí sigue. A veces, le ponen alguna rubia al lado; él asegura que no lo es; es íntimo de Matt Bomer; a quién le importa. 
Sólo el tiempo lo dirá o son las ganas nuestras las que hablan ahora.


Soltero de oro, dicen los últimos titulares sobre Joe.
La revista People, preveyendo o informada de lo que pasaría en el más reciente episodio de "True Blood", se anticipaba la última semana y ponía a Manganiello en portada, nombrándolo como el primero de su lista de dorados solteros del cine y la televisión.


Las fotos han sido de infarto y muy señor mío, y si parecía que no podía estar más bueno, se corta el pelo y se fuma un puro descamisado. 
Valga el gif y valga que alguien me alcance las sales.


Usted no debería prever nada con Manganiello. 
Cuando se lo imagine sólo en vulgares blockbusters de bíceps y acción, incorporando a algún previsible súperheroe, revise el Imdb y observe que nuestro hombre estará nada menos que en "Knight Of Cups", lo próximo de Terrence Malick. 


Esperemos que Joe sobreviva al montaje final que, con Malick, nunca se sabe.
Si no, siempre nos quedarán vulgares blockbusters, menos vulgares si aparece Joe con ganas de ventilar cuerpazo.


Ante la suprema perfección de este señor, desde los ojazos hasta el ombligo, he de insistir que siempre echaré de menos algo de vello corporal, ese que quedaría en ideal contraste con la barba deliciosamente entrecana. Rezaré porque olvide la depilación entre workout y workout, mientras sigo atento sus pasos.
Porque cuando no me quedo atontado mirándolo de arriba abajo, he de decir que Joe Manganiello me resulta un tipo muy simpático, juicio que sólo reservo al que, realmente, lo parece.


Que le den una serie ya. O mi número de teléfono, en su defecto.

lunes, 27 de agosto de 2012

Lágrimas de Sangre


Anoche cerraba puertas la quinta temporada de "True Blood", que además ha supuesto el último episodio donde Alan Ball figurará como guionista y showrunner. 
A partir de ahora, dejará la serie en otras directivas manos, con el fin de desarrollar nuevos proyectos.


Creada por Ball a partir de la saga de novelas de Charlaine Harris, "True Blood" debutó ante audiencias modestas y una tibia reacción de la crítica, para convertirse progresivamente en la ficción de mayor éxito de la HBO, después de "Los Soprano". Un éxito, que se ha contado exponencial y beneficiado por la fidelidad de sus admiradores.
Si bien la hemos alabado repetidamente, no hay duda de que "True Blood" ha sido siempre una serie más carismática que ejemplar.
Entre sus resquicios y vericuetos, ha habido sitio para el defecto y el paso en falso, pero, como costumbre, los artífices de "True Blood" sabían jugar sus cartas, incluso cuando no tenían una buena mano. 
Ha sido una serie bien calculada, hasta para encubrir su pura sinrazón de ser.


Sin embargo, este año, las cartas han estado más al aire que nunca y, tanto Ball como sus guionistas, han cometido errores de cálculo. 
Sumados a los vicios formales que la serie venía arrastrando, han dado como fruto la temporada más decepcionante y equivocada de "True Blood". 
Podría decirse que Alan Ball se va en el peor momento posible.

Lucy Griffiths como Nora

Ya en la anterior temporada, empezaba a traslucirse un problema que ahora ha hundido a "True Blood" en un mar de confusión. 
Se trata del abarrotadísimo casting; un montón de personajes, demasiados para una serie de tan pocos episodios al año. 
A pesar de versar sobre la muerte y la no-muerte, "True Blood" se muestra cobarde para dar puerta y/o matar a personajes importantes de su reparto. 
El cliffhanger del año pasado se ponía, por primera vez, valiente en ese sentido y sentenciaba a cuatro. 
En la season premiere, supimos que no eran cuatro muertos, sino tres. Por una implausible decisión de Sookie y Lafayatte, Tara volvía a la vida convertida en vampiro.

Rutina Wesley y Anna Paquin

El desarrollo de Tara como progenie de Pam ha sido más ingenioso que su mal apañada renovación como personaje.
Al final, pervive el vicio: en "True Blood", no se muere ni se va nadie relevante.
Cuando lo hace, como en el caso de Hoyt, el asunto se torna tan dilatado, tan melancólico, que parece como si se estuviera pidiendo permiso a la audiencia.

Jim Parrack

Cabe la comparación con "The Vampire Diaries", una serie de similar temática, pero mucho más modesta, que, en cambio, no tiene ningún complejo: cuando un personaje sobra, se lo carga. Sin dar explicaciones a los fans ni a nadie. 
Crea además una estimulante sensación de peligro inminente que, en "True Blood", se ha perdido.
Pero la cuestión no es tanto la cantidad de personajes como la necesidad de darles espacio y protagonismo a todos.
El resultado es el amontonamiento de tramas, la imposibilidad de detenerse prácticamente en ninguna y la pérdida de la identificación. Hay tantas voces y puntos de vista en "True Blood", que ya no es posible elegir ninguno.
En esta temporada, hasta Terry Bellefleur ha protagonizado una trama. 
Para colmo, ha sido de las peores de la serie, tanto en su planteamiento como en su ejecución; también habría que pensar si "True Blood" es el lugar apropiado para hablar de las consecuencias morales de una matanza de civiles en Iraq.


Y, mientras, la columna vertebral originaria de "True Blood" - la apasionada relación entre Bill y Sookie - se ha diluido casi por completo.
Ellos, los presuntos protagonistas, viven embarcados y perdidos en las deudas de historias ya de por sí desvaídas: el lado oscuro de Bill y la naturaleza hada de Sookie. 
Para lo que respecta a esta temporada, ésta tampoco ha vuelto a nombrar que mató a una tipa en su cocina.
La serie va a toda prisa, intentando cumplir con sus ingredientes, cuando está consiguiendo el efecto contrario; escasa atención al detalle y repetida amnesia sobre lo interesante.
Pero el problema de la quinta temporada de "True Blood" ha sido, sin duda, la elección de la Autoridad como escenario principal y argumento hegemónico.
La cosa venía a metaforizar los conflictos religioso/integradores, dilucidados en las controversias y batallas del más alto poder vampírico. 
Éste aparecía insinuado en anteriores temporadas; este año, le hemos puesto cara.

Valentina Cervi como Salomé

El escenario, revestido de un cóctel de glamour y simbolismo que ha caído rápidamente en total chorrada, ha contravenido el tono predilecto de "True Blood". 
La potencia, originalidad y sello de identidad de la serie estaba - y está - en su retrato de Bon Temps y sus habitantes; todo ese white trash desagradable, violento y sucio, donde irrumpía la fantasía y el erotismo. 
Es lo que hizo de "True Blood" una serie tan hipnótica y sexy. Y es lo que también hizo del capítulo 9 de esta temporada, el mejor con diferencia, cuando la atención principal volvía momentáneamente a los cerdos, los lobos y la gente garrula.

La maravillosa Dale Dickey como Martha

En cambio,  trasladado a esa tierra de nadie que es la Autoridad, el interés ha disminuido enteros. Esos lujosos escenarios deberían ser puntuales en una serie que vive mejor pegada a la tierra.
En cualquier caso, el pobre desarrollo de la trama también ha concurrido al desatino.
El visto y no visto de Christopher Meloni ha sido desconcertante. Y no para bien.

Soberbio, pero breve, Meloni

Si la serie ya sacrificó a grandes presencias como Michelle Forbes y Fiona Shaw, ahora ha vuelto a dar puerta a quien no debía. Y, sobre todo, antes de tiempo.
El personaje de Roman auguraba un tema interesante: el fanatismo por la estabilidad, o qué estamos dispuestos a hacer para mantener la paz. 
Pero la serie, de nuevo, ha impuesto el golpe de efecto y ha preferido recuperar al villano de la tercera temporada.
Denis O'Hare y su Russell son estupendos, pero ese regreso no ha aportado nada. El personaje no ha cambiado un ápice, quiere lo mismo, usa las similares armas y explota a sus aliados de siempre. Es una repetición, entre tantas.

Russell Edgington haciendo de las suyas

Además, en el escenario de la Autoridad, también trufado de personajes, éstos se han anulado dramáticamente unos a otros; una competición a ver quién es más cínico y brutal, a fuerza de la mayor burrada que se le ocurra al guionista de guardia.
En muchas ocasiones, se ha visto claramente el apretar de tuerca de la serie para enmascarar fútilmente que ya lo hemos visto todo antes.


Lamentaría sentenciar el próximo año por estas fechas que "True Blood" ha andado el mismo camino que "American Horror Story" recorrió en cuestión de seis capítulos: ese trecho que va desde el What the fuck? al Who fucking cares!.
Cuando ocurren demasiadas cosas en un relato, sin orientación, bajo la sola lógica de epatar al espectador, éste tiende a sentirse alienado y mirar para otro lado. 

Erica Gimpel y Denis O'Hare

A pesar de todo, la proverbial generosidad de "True Blood" se mantiene en muchos de sus aspectos. 
Aunque esté en horas bajas, aún se la ve cuidada de su plástica, de su cómplice sentido del humor y de la pectoralidad de sus maromos. 
Como diría Víctor Luján - que ha glosado cada semana la serie de manera muy divertida en Cinemaseries -, permanecen "sus irreverencias y/o turgencias".

Alcide for President

Esta quinta temporada se recordará como la menos distinguida, pero, aún así, la hora de duración de cada uno de sus episodios se siente más fugaz que el mejor capítulo de casi cualquier otra serie en emisión. Es la prueba de que su brillantez no está completamente perdida.
Después de todo, habría que ser justos con una serie que nos ha otorgado tantos momentos de placer. Y no hablo exlusivamente del apartado maromial.
Tal vez, ahora sólo haya llegado a ese estado donde caen todos los shows televisivos en algún momento de sus andaduras: el puro y simple agotamiento.