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jueves, 30 de mayo de 2013

Joel Edgerton


Actor imposible de odiar, fácil de adorar, siempre ocupadísimo y especialmente brillante en los últimos dos años, Joel Edgerton es reconocido en Hollywood como el australiano de los pómulos de acero.
Abultados son sus pómulos tanto como los volúmenes de su currículum, que lo ha llevado desde Australia hasta las pantallas internacionales, aquellas donde se estrenó como Owen en "Star Wars" y Gawain en "El Rey Arturo", versión Bruckheimer.


Su país de origen, esa patria de los canguros y los tíos buenos, prefirió amar a Joel cuando formó parte de la aclamada serie "The Secret Life Of Us". 
Fue el principio de su importancia y también de su culto.
Porque, como los mejores maromos, Joel impresiona a la segunda mirada, y uno se pregunta porqué no detectó esa hermosura a la primera vista.


Yo amo a Joel Edgerton sin medida. 
Además por lo guapo, sexy y especial, quizá también tenga que ver el hecho de que sea fuerza viva de las tres películas que más me han gustado en los últimos años.


"Warrior" es el mejor modo de conocerlo y degustarlo. 
Como actor, roba la película, con esa mirada triste y ese carisma calmoso. Como maromo, está de infarto, de cuerpo rocoso y velludo, en el exacto punto, más natural y, por tanto, más ardiente que su rival Tom Hardy.


Sinceramente, he de volver a ver "Warrior", porque la guapura de Edgerton me distraía demasiado de seguir el diálogo de la película. Sinceramente, he de volver a ver "Warrior" sólo por su guapura.
Si ya había tenido mucho trabajo y muy variado desde principios de siglo, ese profesor arruinado devenido en púgil underdog fue quien despertó una curiosidad general por Joel.


Este año, lo veíamos en otro peliculón: "Zero Dark Thirty". Entre el nutrido reparto, Edgerton incorporaba a uno de los asaltantes del fortín de Bin Laden. 
Kathryn Bigelow entendía así que Joel es chico de acción. 
Sin duda, esa cara tan fuerte y esos ojos azules, distraídos, pequeños, penetrantes, lo hubieran hecho toda una estrella del western en otros tiempos.


De momento, Joel se dice con residencia en Hollywood, mientras compagina su carrera con debidas labores humanitarias a lo largo del mundo. Según parece, tanto materialismo lo aliena.
Por ello, se dice irónica su elección como el ultraricachón Tom Buchanan. 
Ha sido precisamente en "El Gran Gatsby" donde ha resurgido la enésima evidencia de su ductilidad como actor y figura.
Confieso que levanté la ceja cuando oí su casting, pero mi escepticismo se vino al piso desde que lo vi entrar por la puerta. 
Joel es Buchanan, y su enérgica interpretación de ese canalla se encuentra entre lo más poderoso de la película de Luhrmann.


Las cosas se aceleran para Edgerton durante este año - ¿alguna vez estuvieron detenidas? -, y, entre lo próximo, se encuentra protagonizar película según guión propio y volver a ponerse bajo la batuta de Gavin O'Connor, quien lo dirigiera en "Warrior".


Hasta entonces, nos queda  pendiente recuperar esos pómulos, esa sonrisa y todo lo que nos gusta de este Edgerton inclasificable en las películas suyas que aún no hemos visto. 


En el camino, podemos pensar seriamente en una mudanza urgente a Australia.


Benditas sean mis maromiales Antípodas.

jueves, 23 de mayo de 2013

Tom Hardy


El último verano, desde las imágenes del enésimo blockbuster, Tom Hardy bramaba:
- Let the games begin!
Que los juegos empiecen, insistía, todo villanesco, alzando los brazos. Rey de la función, de nuevo, incluso cuando sus inconfundibles labios debieron ocultarse bajo la caracterización de Bane. . 
Tom debió ser lo único realmente memorable de "The Dark Knight Rises", porque es lo único que realmente recuerdo.


Quedaba claro, una vez más, que Tom Hardy es un actor que se lanza sin red, que se ha aprendido de memoria todas las interpretaciones de Marlon Brando y que, además, está más bueno que comer con los dedos.


Aunque Bane fue lo más noticiado, 2012 le daba mejores oportunidades de oro y lucimiento. 
La más distinguida fue ese gran melodrama pugilístico llamado "Warrior", al que se entregaba más Brando que nunca, brindando fiereza y vulnerabilidad al mismo tiempo en retrato de perdedores que se permiten ganar por última vez.
Las horas del gimnasio fueron cumplidas y, frente a Joel Edgerton, conformaba una pareja de hermanos en el ring, tan conmovedores como maromísticamente titilantes.


Es la especialidad de Tom Hardy: hacer titilar al personal.
Es un macho compacto por pequeño, imprevisible de su extraña naturalidad, dotado de un magnetismo sucio, con espantosos tatuajes de macarra, para luego rematarse de esos labios enormes, carnosos, rosáceos, incongruentemente femeninos, con los que suelta sus frases bajo acento de la mismísima London City. 


Tom Hardy es un callejero con quien tomar el té.
La combinación, como todas las buenas combinaciones, se dice explosiva para público, opinadores y devotos del maromismo. 
Él se reza a todos los camaleones y espera lo mejor de Hollywood, que lo tiene en marcado rápido.


Empezó en 2001, pero arrancó cuando robó la función en "Inception". Desde entonces, se escribió su nombre en candentes películas y mil días del maromo. 
Tom Hardy será el próximo Mad Max, se dice y repite. Incendiará carreteras y, profesionalmente, será su prueba de fuego.
Para calmar la ardiente espera, no hay nada mejor que verlo en el primer episodio de "Driven to Extremes", documental seriado con actores en desafíos de riesgo. 


Allí aparece barbudo, al borde, loco, pasándoselo bien, sin complejos, pechipeludo y llevando gorros extraños en la cabeza. 
Tom es el glamour venido de la total falta de glamour, es el atractivo a fuerza de contradecirlo. 
Y si Tom me dice que nos vamos mañana al Himalaya, yo no duermo esta noche con los preparativos.


Para 2014, sus desafíos personales son cinco películas previstas de estreno - entre ellas, la cacareada Mad Max -, y las cinco lo abordarán en todos sus registros e intereses, con el denominador común de su entrega a la acción.


Tom Hardy camina hacia adelante, con esa tranquilidad embobada, buscando el calor, mirando a los lados, furtivamente, entre la desconfianza y la fe. 
Porque Tom debe tener el corazón de uno de esos perros a los que adora abrazar. 
Oh, las fotos de Tom Hardy achuchando chuchos. No hay belleza mayor. 


Tom Hardy, sonriente o circunspecto, barbadísimo o bien afeitado, cabreado o dormidísimo, taquillero o indie, protagonista o antagonista. Todos nos encantan, todos son el mismo Tom Hardy.
Tom no para ni parará, porque ya lo anunciaba el verano pasado: Let the games begin!