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martes, 23 de octubre de 2012

Oh, Claire


A los cinco años, vio un vídeo de Madonna en televisión y supo que había nacido para ser actriz.
Una década después, Spielberg decía que era imposible sustraerse a la sinceridad que transmitía. Baz Luhrmann simplemente diagnosticaba: "Todos aman a Claire Danes".
Ella, la bella Claire, la niña Claire, la emotiva Claire, la que lloraba y sonreía con todo el rostro, se preciaba en tomar decisiones artísticas a los quince años con la ambición de las grandes precoces. No sabía entonces que el trayecto sería arduo y tortuoso hasta para un talento tan evidente como el suyo.


Allá por 1994, Claire Danes se hizo faz generacional cuando se estrenaba "My So-Called Life".
Considerada la primera serie de adolescentes que entendía la adolescencia, al reflejarla como un período de penumbra, somnolencia y sufrimiento, "My So-Called Life" no tuvo suerte en su paso por la ABC.
La cadena depositó escasa fe en la nueva serie, la programó con nulo criterio y nunca supo valorar aquella audiencia que, aunque discreta, se mostraba fiel.

Con el reparto juvenil de "My So-Called Life"

En sus manos, tenían una joya televisiva, emocionante, intuitiva, sensible, calculada al milímetro por los creadores de "Treinta y Tantos". 
Claire Danes, reina de la función, era Angela Chase, la chica enamorada, confundida, injusta en ocasiones, llorosa, despertada al dolor del crecer, tan transparente, tan inteligible; uno de los personajes emblemáticos de la televisión noventera. 
Identificarse con ella no conocía edades.


Claire ganaba el Globo de Oro y miraba con interés los proyectos que se le empezaban a servir sobre la mesa.
Mientras, "My So-Called Life" se despedía con un interrogante tras 19 episodios. La cancelación suscitaba la primera campaña de fans a través de un muy rudimentario Internet para pedir su renovación.
La opción se barajó, pero sin embargo, las dudas de la ABC fueron aún mayores ante una Claire reacia a continuar en televisión, centrada en cumplir con su suculenta agenda cinematográfica.
En cualquier caso, la cadena encontró en esa indecisión la excusa perfecta para el carpetazo total.

Con Jared Leto

Los fans de la serie se sintieron traicionados, pero el culto por la breve y bella "My So-Called Life" sólo se intensificó y nunca ha muerto. 
Hay que verla para entenderlo: tan 1994 y, a la vez, tan imperecedera.


En ese mismo 1994, se estrenó la primera película de Claire: "Mujercitas".
Nadie tuvo ninguna duda de que suyo sería el personaje de la bondadosa y enfermiza Beth, con el que llorar y por el que hacer llorar.

Como Beth March en "Mujercitas"

Para otra revisión literaria, en esta ocasión con el sello de la irreverencia, Claire era elegida por Baz Luhrmann para ser Julieta Capuleto, primer rol protagonista en la gran pantalla.
Con Leonardo DiCaprio, formaba una pareja de calado teenager, que adornó carpetas, alumbró la MTV, dividió a los críticos y motivó que todos y todas quisiésemos enamorarnos a través de un acuario. 

En "Romeo + Juliet"

El caché de la Danes se disparaba, y en el mismo momento que estalló su nombre, comenzaba una inmediata desorientación. 
Se la veía a las órdenes de directores como Coppola y Oliver Stone, pero la excitación general por Claire parecía decaer.

Con Joaquin Phoenix en "U-Turn"

Al cumplir 19 años, Claire Danes anunciaba tiempo muerto. Abandonó Hollywood e hizo las maletas dirección Yale.
Allí estuvo dos años, estudiando Psicología, carrera que nunca terminaría. 
Volver a la profesión artística fue comenzar otra vez y, en esta ocasión, sin la suerte de sus inicios. 
Sacudirse la imagen de la niña Angela Chase, de la Julieta posmoderna, de su imagen de adolescente de mediados de los noventa, parecía tarea de titanes, pero, con paciencia, se elevó poco a poco. 
El regreso se iniciaba esporádico y en papeles de escaso lucimiento, como su breve aparición en "Las Horas" o su flirteo con el blockbuster en "Terminator 3".


En el interín, las revistas del corazón encontraban un festín en 2003, cuando Claire comenzó una relación con Billy Cudrup, justo cuando éste terminaba con una embarazada Mary-Louise Parker. 
Claire y Billy soportaron el vendaval de suspicacias y estuvieron juntos tres años.
Pese a todo, la respuesta sentimental definitiva no estaría en Cudrup, sino que se encontraría en el rodaje de "Evening".

Con Hugh Dancy en "Evening"

En "Evening", Claire Danes era primera línea de un infartante reparto all-star. 
La película, un melodrama romántico bastante decepcionante, le dio, no obstante, la oportunidad de cruzarse en el camino del bello Hugh Dancy. 
Se hicieron amigos, se enamoraron, se casaron tres años después y ahora esperan su primer churumbel.  


Dancy ha sido, quizá, un amuleto de suerte, acontecido en el momento donde ella elaboraba para sí la hoja de ruta de la Claire Danes mayor, rubia, esa que se nos ha revelado aún más intensa, lista e inquieta.
En 2007, Claire hacía un aplaudido debut en Broadway a golpe de "Pygmalion", mientras miraba con ojos frescos y curiosos al lugar donde había nacido para la causa. Tras tantos años, la televisión ya no parecía tan mala idea.
La HBO le daba la oportunidad de ofrecer su interpretación más aclamada desde los noventa. Sería para "Temple Grandin", una historia tan asombrosa que sólo podía estar basada en hechos reales. 

"Temple Grandin"

La Tv-movie nos transportaba al mundo de una granjera autista, que desarrolló un talento para la ingeniería ganadera, promoviendo medidas más económicas y menos dolorosas para las reses. En el camino, una mujer y una personalidad más grande que la vida.
Claire Danes aceptó el reto y lo bordó. Y Hollywood, ante cualquier actriz que demuestre tal voluntad de transformarse, sólo se sabe hincar el pie en la tierra y bajar la cabeza.
Claire se llevó todos los premios importantes del año.


En el horizonte, irrumpía el proyecto de una serie para Showtime, que contenía un papel bombón para toda actriz inteligente. 
El libreto se llamaba "Homeland" y el personaje, Carrie Mathison, una obsesiva agente de la CIA, que busca desenmascarar las intenciones antipatrióticas que se esconden tras la impecable fachada de un héroe de guerra.

"Homeland"

El año pasado, "Homeland" se estrenaba con gran éxito, siendo el único estreno de la temporada que colmó todas las expectativas. 
En el buen hacer y el impacto, jugó un papel decisivo la fascinante interpretación de Danes. Se metía en la piel y los nervios de una mujer de acción, dramáticamente aquejada de un escalofriante trastorno bipolar, condición que afectará progresivamente a su carrera, su investigación y su reputación.
Que se llevara los galardones de mejor actriz televisiva de este año no sorprendió a nadie, pero, además, en los últimos Emmy, se acompañaba de la alegría de que Damian Lewis y la serie también se llenasen de oro.

Con Damian Lewis en los Emmy
Sucedía en esos mismos premios Emmy, donde 17 años antes, la niña Claire había acudido nominada por "My So-Called Life".
Ahora, con bebé a bordo, segunda temporada de "Homeland" en emisión, tercera confirmada ayer mismo, alguna que otra película en ciernes, los caminos son excitantes y las promesas, bien altas, como siempre en la Danes.

De incógnito en Beirut para "Homeland"

Para contarla, podría decirse que Claire Danes es una de esas mujeres que parecen haber tocado su techo de belleza sólo para superarlo una vez más, una de esas actrices que sorprenden al que no la vio venir desde el principio y una de esas personalidades que aún tienen mucha batalla que prestar. 
Con ella, el idilio nació para ser renovado.
 

Y sólo tiene 33 años. Diríase una niña.

viernes, 14 de septiembre de 2012

"Romeo + Julieta"


Baz Luhrmann se revelaba como cineasta controvertido, omnipotente y digno de atender gracias a su personalísima mirada a la historia de amor más famosa de todos los tiempos.
Era 1996, y "Romeo + Julieta" se alineaba en una moda cinematográfica, que había revisado, a todo lujo, clásicos literarios como "Drácula", "Mujercitas" o "Frankenstein". 
El resultado de todas esas adaptaciones - unas más afortunadas que otras - supuso, en general, un paso adelante en la interpretación literaria a través del cine y también en la comunicación de los grandes títulos a las nuevas generaciones.


"Romeo + Julieta" irrumpió como la más provocadora, despojándose de la escenografía original de la obra de William Shakespeare. 
Verona era ahora Verona Beach, una versión grotesca de la contemporánea ciudad de Los Angeles, y los Montescos y los Capuletos se comportaban como bandas rivales que no portaban espadas, sino pistolones grabados con iconografía de la Virgen. 
Tanto la banda sonora como el montaje hicieron que los críticos escribiesen, de manera unánime, que esta película era un Shakespeare dedicado especialmente a la generación que creció con la MTV puesta.

Los Montesco

No hay duda de que el montaje es estrella, mientras el suntuoso y ecléctico diseño de producción se mueve entre lo sublime y lo kitsch, sin que pueda diferenciarse en última instancia, tal y como sucede en los vídeoclips.
Pero el "Romeo + Julieta" luhrmanniano no es sólo MTV; es un conglomerado de fascinaciones, donde se inserta toda la Historia del audiovisual. 
Como el "Drácula" coppoliano, acepta sin complejos su condición de supremo pastiche.

John Leguizamo como Tybalt Capuleto

El contraste entre la escenografía sincrética y los diálogos originales se revela chirriante, desconcertante a un primer oído, a un primer vistazo.
Se impone la pregunta en la escena de apertura: ¿Se está riendo Luhrmann de la obra de Shakespeare? 
Las intenciones del director se desvelan pronto en un estimulante juego que contextualiza y descontextualiza lo narrado.

Harold Perrineau y Leonardo DiCaprio como Mercucio y Romeo

A la manera de Douglas Sirk y como buen epítome de lo posmoderno, Baz Luhrmann establece un espejo entre el contenido y el estilo. 
El amor se escribe en letras de Coca-Cola, pero, a la vez, aparece transparente y sincero en la intimidad de los protagonistas. 
Y también como Sirk, Luhrmann podrá parodiar lo que está contando, pero, a la vez, se compromete fuertemente con ello, lo enaltece. 


El resonar de la tragedia sigue presente entre el pastiche. Y se potencia gracias a él. 
Lo delicado de las miradas y caricias de los tortolitos irrumpe con mayor sensualidad y efecto en medio de los disfraces, los decorados, las canciones pop, la sensación general de disparate. 
Luhrmann halla la verdad romántica dentro de su pasarela de lo camp, encontrándose con el teatro del Bardo a través de su propia teatralidad.
Es por ello, que esta "Romeo + Julieta" sea, inesperadamente, la versión cinematográfica más poderosa de todas las que se han hecho sobre esa pieza de Shakespeare.

Claire Danes como Julieta

"Romeo + Julieta" no fue la primera película en devastar un mito literario para reconstruirlo - recordemos, por ejemplo, "El Fantasma del Paraíso" -, pero sí fue la primera vestida de superproducción hollywoodiense, que alcanzó un gran éxito y no pidió perdón por la presunta blasfemia.
Porque, en esencia, la blasfemia no es tal, en cuanto el espíritu es el mismo y la fidelidad al argumento original se observa mayor de la que se esperaría de cualquier transgresión.
Ahí está la lucha entre los sentimientos nobles y negativos, entre la violencia y el amor, entre la venganza y la conciliación; el mundo de lo irracional, que media las luchas y construye la vida de los seres humanos, desde sus lazos familiares hasta los trágicos accidentes de la existencia.
El amor juvenil e inconsciente de Romeo y Julieta traerá la paz, pero no sin antes pagar el más trágico de los precios.

El juguete del destino

Decía cierto cronista, con mucha sabiduría, que lo esencial para adaptar al Bardo reside en la dirección y los actores protagonistas. Y que "Romeo + Julieta" cumplía ese requisito.
Sin duda, las interpretaciones de Claire Danes y Leonardo DiCaprio, a los que se intuye escrupulosamente guiados por Luhrmann, son la llave de la repercusión emocional que tuvo y mantiene esta película.


¿Es esta obra el fruto de un director que no tiene vergüenza ninguna? 
Diríase mejor que "Romeo + Julieta" es el ejemplo de un director que no tiene miedo a comunicar su universo. Y, al menos en esta ocasión, lo hizo de manera impecable.


El tiempo ha hecho que "Romeo + Julieta" no resulte tan mareante como en 1996, ni tampoco tan irreverente como sus partidarios señalaron entonces. 
Digamos que ha perdido su capacidad de irritación, tanto para bien como para mal.


En cambio, sí se conserva imaginativa y terriblemente hermosa, con ese halo de distinción que se alcanza a la par que la condición de clásico.